Lo que cada perfil gana cuando la máquina deja de ser un problema
No todos llegan al taller por lo mismo. Una notebook que se traba en medio de un trabajo práctico no pesa igual que una computadora de escritorio que sostiene la facturación de una oficina chica. Por eso el armado se piensa según el uso real y el presupuesto disponible, sin empujar componentes que nadie va a aprovechar.
Estudiantes
Una notebook que abre el aula virtual, el editor de texto y el navegador con varias pestañas sin colgarse. Cuando el equipo se arrastra, se revisa qué conviene ajustar antes de pensar en comprar algo nuevo.
Oficinas chicas
Equipos de escritorio que sostienen planillas, facturación y correo durante toda la jornada. Si una máquina frena, frena la tarea de alguien: por eso se prioriza que el puesto quede operativo y estable.
Diseñadores freelance
Programas de diseño y edición que piden memoria y almacenamiento rápido. Acá el armado se equilibra entre procesador, RAM y disco, porque sumar una placa de video no siempre es la decisión más útil.
Familias
Una computadora para el hogar que dure y no obligue a gastar de más. Se eligen componentes acordes al uso cotidiano: navegar, estudiar, guardar fotos y trabajar con documentos.
Armado a medida
Cada perfil tiene un techo de presupuesto distinto. El armado se ajusta a ese número real, definiendo qué piezas hacen la diferencia y cuáles se pueden dejar para más adelante.
Sin vueltas
El contacto es el único paso práctico: no se crean cuentas, pedidos, pagos ni reservas. Se describe la situación y se conversa qué conviene hacer con el equipo.